La importancia de la metodología STEAM para el medioambiente y las artes

STEAM (Science, Technology, Engineering, Art, Mathematics) es la sigla de la metodología educativa de la que todos hablan. Una metodología que combina ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas y trabaja por proyectos. Inicialmente, las siglas eran solo STEM y no se incluía el arte como parte del proceso educativo; sin embargo, fue entendido que éste no solo potencia la creatividad de los alumnos sino que además, desarrollan habilidades de observación, escucha activa y de resolución de problemas entre otras.

Los proyectos que se desenvuelven dentro de la metodología STEAM pasan por etapas de experimentación, teoría y nueva experimientación o experimentación orientada. En la primera etapa, se plantea una situación problemática que los alumnos deben abordar desde sus conocimiento previos; la segunda etapa es la presentación y observación de la teoría en forma guiada y la tercer etapa, es la reexperimentación: a partir de las nuevas informaciones, ¿cómo resolvemos la situación planteada? Todo se realiza en colaboración entre pares y profesores.

No parece nada novedoso a primera vista. Al final, Piaget y Vygotsky ya hablaron sobre procesos de asimilación y acomodación y andamiaje. Lo novedoso de esta metodología es la visión global de la educación: ya no trabajamos con ciencia, con tecnología o con las artes por separado. Superamos las fronteras de nuestros horarios curriculares estáticos y nos enfocamos en una enseñanza que abarque diferentes disciplinas como un todo.

¿Cuál es la importancia de la metodología STEAM entonces para la educación ambiental y artística?

La UNESCO reconoce el desarrollo sostenible como uno de los principales desafíos para el futuro. Para afrontarlo, necesitamos una educación que desenvuelva habilidades de pensamiento de orden superior como el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas en situaciones no familiares. La educación STEAM tiene como principal objetivo este desarrollo.

Y aquí, las artes en plural son esenciales. Las llamadas ciencias duras tienen un gran componente innovador que solo es posible cuando desarrollamos habilidades relacionadas con la creatividad y el pensamiento disruptivo. ¿Podemos separar al ingeniero da Vinci del escultor da Vinci? La misma pregunta es aplicable para la educación de nuestros niños, adolescentes y para nosotros mismos adultos: ¿podemos separarnos a cada 45 minutos de hora aula en químicos, en artistas o en escritores? Como poder, podemos. Sin embargo, lo ideal sería conjugar todos esos roles en experiencias y situaciones que nos ayuden a ser más da Vinci y menos alumnos sarmientinos.

La malla curricular estática creada a principios del siglo XX ya no es aplicable a nuestro nuevo mundo. ¿Por qué seguimos insistiendo en desmembrar en partes desiguales las disciplinas escolares cuando hoy lo que necesitamos es compartir, desarmar y volver a armar?

La educación STEAM vino a quedarse. El medioambiente y las artes agradecen.

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